“En el Día del Padre, sus hijos suelen visitarlos o evocarlos con quienes los conocieron como un forma de homenaje. Sin embargo, hay momentos en la vida en que se pone a prueba el espíritu de un padre, enfrentando situaciones de gravedad en la salud de sus hijos. En el escenario donde esos niños se debaten entre la vida y la muerte, la compañía de sus padres tiene un efecto extraordinario para su recuperación y la vulnerabilidad de sus cuerpos invadidos, encuentra su escudo en el ánimo positivo de quienes los cuidan.
“Hoy, esos niños rodeados de sueros y tecnología, que dormían entre respiradores y monitores, recibieron a sus padres con un cartel en forma de corazón que decía ¡Feliz Día!, y sus papás encontraron en su gesto la fuerza para generar ese escudo que los chicos necesitan para reconstruir su salud cuando se daña.
“Unos «ángeles de la guarda», los enfermeros que todos los días y a toda hora los cuidan en la Terapia Intensiva Pediátrica de la Fundación Favaloro, habían construido ese regalo para sus papás interpretando el deseo de sus niños.
“Esas personas, después de 30 años de profesión, me siguen emocionando con actos grandiosos y sencillos de comprensión acerca de las necesidades de los demás. Entre tanta tecnología, conocen el poder de los afectos.”
Carta al director del Dr. Julio Trentadue, publicada en el diario La Nación el 24 de junio de 2009. Para leerla haga click en: ¡Feliz Día!

