Allá, a lo lejos, se lo ve llegar; con la bolsa al hombro, como en sus inicios. César Monasterio saluda canchero, pide pista para una sesión de fotos -cual modelo de alta costura- y se sienta a encarar una entrevista más, esa que dice llamarse balance de fin de año. “Okín”, más bien conocido como el “Embajador” del golf tucumano, fue el que primero cruzó el charco hacia Europa. El que vivió las primeras experiencias deportivas, que tanto le sirvieron a Andrés Romero y, que en un futuro no muy lejano, ayudará a otros.
En una temporada 2007 donde nada salió como él esperaba, Monasterio sufrió y luchó más de la cuenta. Como si hubiese sido una constante batalla entre el cielo y el infierno. Al final de cuentas, los números -llámese ganancias- de la Orden de Mérito del Tour Europeo concluyeron en rojo y “Okín” perdió la facultad de moverse con la libertad con que lo había hecho durante el año. La membresía obtenida en 2006 luego de ganar en París llegó a su fin. La nueva credencial sólo le permite jugar, a lo sumo, entre ocho y diez torneos del Tour, además de todas las competencias del Challenge Tour.
En términos “futboleros”, Monasterio está en la Promoción. La estadía en el “infierno” sólo es pasajera. Así lo vive, siente y asegura el “Embajador”.
- El balance de 2007 no es de lo mejor, ¿no?
- La verdad, fue el peor año de mi carrera profesional. Comencé con buenos resultados en la gira asiática, hasta Malasia. Arranqué 68-69, y el sábado venía -4, a un golpe del puntero, hasta que comencé a jugar los nueve hoyos finales. De repente se me nubló todo y terminé con 43 (+7). El domingo ni hablar… De ahí en adelante, peleé todo el año contra la concentración. No podía ganarles a los campos.
- ¿Cómo manejó el hecho de no superar cortes clasificatorios?
- Me considero un jugador que tiene entre cuatro y seis semanas buenas. No digo de ganar, pero sí de estar entre los líderes. Este año estuve casi 10 meses sin poder hacer una ronda de 67 golpes. Recién en la última vuelta del año, en el Abierto de la República, pude lograrlo.
- ¿Hará una preparación distinta para encarar el Tour y el Challenge?
- Por el momento me voy a tomar unos días de vacaciones en familia y después comenzaré la pretemporada. Recién en marzo voy a jugar mi primer torneo. Con respecto al Challenge, sólo jugaré los que estén cosancionados con el Tour, mi objetivo principal.
Padre de Ramiro y de Agostina, y esposo de Marcela, “Okín” admite que la distancia es un tema complicado de resolver, sobre todo cuando uno se pierde momentos especiales. “Y sí, se extraña. Estar cinco semanas lejos de casa es complicado. Pero también hay veces en que uno se reconforta, como cuando gané en París, en el Día del Padre”, relata feliz.
Monasterio nunca ve la mitad del vaso vacío, siempre agradece la parte que le toca. El brindis de fin de año lo encuentra a la vuelta de la “Noche Vieja”, añorando un 2008 lleno de birdies, de paz, salud y de noticias alentadoras. No es para menos; un luchador como él merece eso y mucho más.
* Artículo publicado en el diario La Gaceta de Tucumán, el 31 de diciembre de 2007. Para ver toda la nota hacer click en: “Fue el peor año de mi carrera profesional”

