Son como hermanos de sangre. Disfrutan y luchan día a día por una misma pasión. Se cuidan, aconsejan, en fin, son el uno para el otro. Se mueven como mosqueteros inseparables. Son los chicos del ayer, que sueñan con bañarse de gloria gracias a esa pasión llamada golf. Son los chicos del hoy, del mañana. Son los jóvenes graduados de profesionales.
Siempre miran hacia adelante, como ellos mismos lo predicaron, exactamente, hace un año durante una entrevista con LA GACETA. “Perseguimos nuestro sueño de jugar como profesionales y para ello peleamos día a día. Somos los ‘aspirantes a profesional pobres’, pero con mucha energía para dar”, contaba su verdad detrás de bambalinas Pedro Caram, el segundo tucumano mejor ubicado en la Escuela Clasificatoria del Tour de Profesionales de Golf (fue 41°), que desde aquella frase logró superar varias preclasificaciones, además de cortes clasificatorios en los Abiertos de Salta y de San Luis. Así sumó puntos para el Tour de las Américas.
A las vivencias y el crecimiento de “Rufay” se sumaron las de “Jambao”, Giorgio Sogno, que dejó de lado el diván (es psicólogo) y se aventuró en esta corrida. “Me pasaron cosas muy fuertes este año y brindo por eso. En agosto me animé a jugar el Abierto de Salta siendo aún aficionado y me fue bien. Jugué la preclasificación y después llegué al torneo, aunque no pasé el corte. Después, viajé al Abierto de Mendoza, gané la “pre” y terminé en el puesto 17, algo increíble para mí”, cuenta emocionado Giorgio, quien en la Escuela del TPG finalizó 25° y se ganó la posibilidad de jugar directamente todos los torneos del tour, sin la necesidad de “sufrir” en las “pre”.
Para Enrique Seibert, 2007 fue un año regular. Gozó de un inicio de calendario importante -se clasificó en Bahía Blanca y Paraná-, aunque luego perdió intensidad y ello le costó quedar muy lejos en la Escuela, sobre el final de la temporada. Ahora deberá seguir su lucha para ingresar a los torneos. “Uno debe aprender de lo bueno y de lo malo, siempre hay que rescatar algo”, admite Seibert, que renunció hace poco a su trabajo en una maderera para dedicarse de lleno al golf. “Ojalá encuentre un auspiciante que me ayude”, reza.
En un deporte como el golf, donde prima el individualismo, los chicos omiten la regla y explican por qué. “No sólo compartimos hoteles, hostels, comidas, vivencias, sino también tratamos de ayudarnos unos a otros. De armar nuestras estrategias de juego en conjunto; de apoyarnos en todo sentido. Somos como una familia y pensamos como tal”, expresan a coro los graduados, que ahora sueñan con la maestría.
Las palabras de Pedro Caram, Giorgio Sogno y Enrique Seibert bien podrían ser el discurso de otros buscadores de ilusiones que, al igual que ellos, pelean para llegar, algún día, a emular los pasos de hombres consagrados como Andrés Romero, César Monasterio, Eduardo Argiró y César Costilla. Ellos son Nelson Ledesma, Luis Romero, Jorge Monroy, Luis Argiró, Marcial Romero, Pablo Leguizamón, Alberto Romero y Diego Campos. O Julio Núñez, que poco a poco se va consolidando gracias a su regularidad. También están los que quieren pegar el salto, como el concepcionense Einar Lange, Víctor Saracho o Armando Zarlenga (h), en un futuro no muy lejano.
* Artículo publicado en el diario La Gaceta de Tucumán, el 30 de diciembre de 2007. Para ver toda la nota hacer click en: Las promesas del golf apuntan bien alto

