Para conocer en detalle el origen de Tucumán, la provincia más pequeña de nuestro país, uno debe remontarse más de 400 años en el pasado, cuando el afán conquistador de los españoles se encontraba en pleno desarrollo. En aquel entonces, las pretensiones hispánicas tenían como uno de sus principales objetivos asegurar etapas en el Camino Real entre Santiago del Estero (primera capital de la Gobernación del Tucumán) y Charcas (Bolivia). Es por ello que, con la intención de consolidar esta vía, surgió la ciudad de San Miguel de Tucumán, fundada el 31 de mayo de 1565 por Diego de Villarroel.
El sitio elegido fue la desembocadura de la quebrada que hoy se denomina del Portugués, un lugar apropiado como escala en el camino a los Valles Calchaquíes, pero de ninguna manera cómodo para el tráfico comercial entre el Alto Perú y el Río de la Plata. Debido a esto último y a otras implicancias, 120 años después, en 1685, se dispuso el traslado definitivo de la ciudad al sitio actual, conocido como “La Toma”. A fines del siglo XVII, la ciudad de San Miguel de Tucumán tenía bajo su jurisdicción un territorio semejante -pero un poco más amplio- al de la actual provincia de Tucumán. En 1776, la creación del Virreinato del Río de la Plata significó para la ciudad pasar a formar parte de la Intendencia de Salta. Finalmente, y luego de varios años y procesos, la provincia quedó configurada bajo sus límites actuales.
Rica por su historia, costumbres y tradiciones, Tucumán ha sido, desde tiempos inmemoriales, de suma impo
rtancia en la formación de nuestro país. En su territorio se peleó frente a los realistas, cuando luego de la revolución de mayo de 1810 se buscaba terminar con la hegemonía española. Además, su ciudad capital fue sede del Congreso de 1816, que el 9 de julio de ese año proclamó la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por otro lado, vale destacar la cantidad de tucumanos que nutrieron con su pensamiento, obra y acción la vida pública y política Argentina. Entre ellos cabe mencionar a Juan Bautista Alberdi (autor de “Las Bases”), Nicolás Avellaneda, Julio Argentino Roca (ambos presidentes de la nación) y Lola Mora (escultora), entre tantos otros.
UNA PEQUEÑA SUPERFICIE CON GRANDES COSAS
Con sólo 22.524 km2 de superficie y más de un millón doscientos mil habitantes, Tucumán es el centro económico, político y cultural por excelencia del Noroeste Argentino. Gracias al impulso de una generación progresista nacida en el último cuarto del siglo XIX y a la estirpe de los hombres que surgieron durante la época del Centenario, la provincia se posicionó como una de las de mayor jerarquía dentro del contexto nacional. Debido a su moderna edificación e importante movimiento comercial e industrial, San Miguel de Tucumán es la ineludible y conveniente puerta de entrada para comenzar a recorrer su territorio. La ciudad, ubicada a 447 metros de altura sobre el nivel del mar en las estribaciones del cerro San Javier, cuenta con un aeropuerto internacional y una importante estación de ómnibus, además de una infraestructura hotelera y gastronómica de primer nivel. Conocida por su intensa y célebre vida nocturna -reflejada en la gran cantidad de confiterías, restaurantes y pubs que se encuentran en el microcentro y sus alrededores-, la ciudad está considerada entre las más atrayentes del interior del país.
Múltiples y variados son los atractivos que se pueden encontrar a la hora de recorrer sus calles. Entre los sitios más significativos podemos mencionar: Casa de la Independencia, que conserva la Sala Histórica donde se declaró la Independencia Nacional; Iglesia Catedral, ubicada frente a la Plaza Independencia; Iglesia de la Merced, que guarda el camarín de la Virgen de la Merced, Generala de los Ejércitos Patrios; Templo de San Francisco, construido por los Jesuitas; Museo Arqueológico, con piezas arqueológicas del Norte del país; Casa de Avellaneda (Museo Histórico Provincial), donde se encuentra la famosa jarra de plata hallada en Ibatín; Palacio de Gobierno, donde descansan los restos del prócer tucumano Juan Bautista Alberdi, Casa Padilla, donde funciona el museo de la Ciudad y de Arte Decorativo; Casa del Obispo Colombres, ubicada en el Parque 9 de Julio, alberga el primer trapiche (máquina para moler caña) con que dio inicio a la industria azucarera en 1821; Museo del Instituto Lillo, que cuenta con un extraordinario herbario, además de colecciones científicas.
UN PASEO CORTO PERO ATRACTIVO
Para los que quieren conocer el interior de la provincia, uno de los paseos automovilísticos más atractivos por los cerros tucumanos es el Circuito Chico. Este itinerario atraviesa la zona residencial de Marcos Paz y Yerba Buena, permitiendo al viajero tener el primer contacto con la selva tucumana. Se asciende por Avenida Aconquija y luego por un camino de cornisa hasta San Javier, para luego continuar hacia Villa Nougués, desde donde se retorna a la ciudad. Es inevitable detenerse en alguno de los miradores que se encuentran al costado del camino, que permiten tener una buena vista de San Miguel de Tucumán y sus alrededores. Entre los sitios más interesantes de este itinerario vale enumerar: Parque Guillermina, con su magnífica arboleda de jacarandás, lapachos y tipas; Villa Marcos Paz, con sus tradicionales locales comerciales, restaurantes y confiterías; Reserva de Flora y Fauna de Horco Molle, que cuenta con una gran cantidad de ejemplares de la fauna regional; El Cristo Redentor, que no es otra cosa que una gran imagen en la cumbre del cerro San Javier; El Golf Club de Villa Nougués, con una de las mejores vistas que se puede tener en la provincia; y la villa homónima, que data de 1899 y alberga grandes casonas y mansiones.
LOS VALLES INTERMONTANOS
El Circuito Grande es una alternativa válida para transitar los valles intermontanos más próximos a la ciudad. Su recorrido permite observar las grandes áreas cubiertas por plantaciones de citrus, que en los últimos años han ido reemplazando el tradicional cultivo de la caña.Sobre una extensión de 175 kilómetros el viajero puede visitar sitios encantadores como: Dique el Cadillal, apto para la práctica de la pesca deportiva y deportes náuticos; la localidad de Raco, punto de partida de las más bellas cabalgatas por los cerros tucumanos; El Siambón, donde se puede visitar el Monasterio Benedictino; la fábrica de Papel de Tucumán, una de las más grandes del país; La Iglesia de San José de Lules, que fue un establecimiento jesuítico donde se cultivó y transformó por primera vez la caña de azúcar.
Tucumán tiene la particularidad de sorprender permanentemente al viajero por donde se la mire. Ya sea hacia el norte, donde se encuentran bellas parajes como San Pedro de Colalao, Hualinchay, o hacia el sur, donde lugares como Simoca, Escaba, Cochuna o las termas de Taco Ralo hacen al deleite de los turistas. Pero la frutilla del postre en nuestro breve recorrido por Tucumán es la villa veraniega de Tafí del Valle. La reconocida localidad, de fama internacional, se encuentra ubicada en una vasta hoyada a 2.000 metros sobre el nivel del mar y a una distancia de 107 kilómetros de la ciudad de San Miguel de Tucumán. Famoso por sus quesos, sus cerros y lo benigno de su clima, el Valle de Tafí es una de las puertas de entrada a los Valles Calchaquíes y punto de partida para innumerables excursiones. Entre los principales atractivos podemos mencionar: Capilla Jesuítica de La Banda; La Quebradita, una de las zonas residenciales de la villa de Tafí; Estancia Las Carreras (se puede observar el proceso de elaboración de quesos); Dique El Mollar, apto para la práctica de la pesca deportiva y deportes náuticos; Parque de los Menhires, donde se encuentran reunidos alrededor de 130 monolitos prehispánicos. Otros paseos más extensos pueden ser a las localidades de Amaicha del Valle y de Quilmes, donde existen importantes ruinas precolombinas.
* Nota publicada en la revista Golf en la Argentina, publicación oficial de la Asociación Argentina de Golf, en agosto de 2003.

